Orgullo y Prejuicio



Reseña:

Podría decir con toda certeza y confianza que este libro es una joya para la literatura clásica, algo bello, sencillo y sublime. Este tipo de libros personalmente me encantan por ser tan empalagosos sin necesariamente presentar escenas con contenidos apasionados o sexuales, con un abrazo, un apretón de manos y los más sinceros sentimientos que los personajes expresan es completamente satisfactorio, permitiéndonos remontarnos a las antiguas costumbres de la sociedad europea de una forma exquisita
gracias a la forma de relatar de nuestra queridísima autora Jane Austen. 
 La historia gira en torno a las hermanas Bennet y su familia. Teniendo una madre un tanto alocada, materialista e impaciente, vemos el profundo interés que surge en ella al enterarse de la llegada a la ciudad de un buen mozo y barón, el Sr. Blingley, teniendo la esperanza de poder presenciar la dicha de que este joven hombre pida la mano de una de sus hijas. Varios acontecimientos surgen, entre ellas la venida del más íntimo amigo del Sr. Bingley, el Sr. Darcy, un hombre que a primera vista se ve altanero, arrogante y orgulloso, defectos que no congrúen con su dinero, su alta posición social, y su esbelta figura. 
 En resumen, la historia va relatando la experiencia sentimental de cada hermana con un pudor tan único y propio de Jane, enfocándose más en la vida de Jane y Bingley, Lizzy y Darcy, demostrando cómo puede surgir un verdadero amor pese a los prejuicios y orgullos de los protagonistas y a las malas circunstancias que se presentaron quitando las esperanzas del nacimiento de un amor, un  amor capaz de salir de las letras y  habitar en nuestros corazones de forma  perenne.

Mi frase favorita:

- Señorita Elizabeth, he luchado en vano y ya no lo soporto más. Estos últimos meses han sido un tormento. Vine a Rossins con la única idea de verla a usted. He luchado contra el sentido común, las expectativas de mi familia, su inferioridad social, mi posición y circunstancias, pero estoy dispuesto a dejarlas a un lado y pedirle que ponga fin a mi agonía.
- No comprendo.
- La amo, ardientemente. 

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Es uno  de  mis  libros  favoritos  por lo  tanto  le doy  esta calificación, se merece e incluso más.



Los límites de la realidad


No me limito a etiquetas, no defino mi personalidad ni intento poner nombres a estos sentimientos. No intento encajar en adjetivos ni conceptos. Cuando intento definir mi personalidad, o dar nombres a mis sentimientos, simplemente siento que me limito en el reducido número de letras que conforman cada etiqueta. No intento entender lo que siento, tan solo me conformo con tener seguridad y convicción en cuan verdaderos pueden ser los sentimientos y el carácter que esbozan mi personalidad, aliviándome en el mero hecho de poseer la plena certeza de que ellos no vinieron a parar hasta aquí por influencia alguna. Llegué a la conclusión de que las etiquetas, además de limitar, confunden. Intentando estancarte en cuatro paredes, impidiendo tu crecimiento y tu formación. Las etiquetas, al igual que la sociedad intentan moldearte a su antojo, haciéndote inseguro respecto a lo que sientes, encegueciendo muchas veces tu corazón por el estructurado sistema racional que estas presentan, poniéndote frente a situaciones que tergiversan el verdadero y pleno significado de cada sentimiento, malinterpretando la esencia del amor, las causas del odio y el motor que impulsa y motiva a la manifestación de cada emoción. ¿Nunca se ha tomado la molestia en pensar que el amor podría ser no más que el nombre de Dios disfrazado? ¿Nunca ha creído que esas sencillas cuatro letras podrían encerrar la esencia de nuestro vivir, la esperanza de un mejor porvenir y la llama que mantiene tibia nuestra humanidad? Yo lo he hecho muchas veces a lo largo de mi vida, y hoy lo volví a ser cuando miré aquellos ojos. Pareciera como si hubiera gozado la dicha de ver un ángel. La textura de su rostro y las suaves líneas que dibujaban su sublime rostro despertaban el ardiente deseo de trazarla en papel y lápiz y encerrar todo aquel momento en el mero acto de observarla con maravilla y admiración, como si hubiera encontrado a Dios en aquellos ojos. Entonces me pregunto, ¿dónde encajo según la sociedad? ¿En qué etiqueta? ¿En qué adjetivo? ¿Qué nombres darán a los sentimientos que surgen por su causa? Simplemente por eso no me tomo la molestia de dar nombre a lo que siento, soy lo que soy, una persona regida por un solo acto que es amar, me llaman Sol y mi personalidad no está limitada en esas tres letras que conforman mi nombre, mi personalidad se esconde tras mis ojos y está escrito en miradas, recuérdalo.

 S. F.

Entre sueños y fantasías



Llegué a su casa y no tenía flores ni chocolates, ni siquiera una carta de amor, es más, no tenía nada, nada más que el brillo de unos ojos que delataban el apasionado amor que ardía en mis entrañas.
 Entonces entré y ahí estaba ella, observándome con curiosidad, quizá preguntándose cuál era el motivo de tal expresión en mi rostro.
Quizá fuera el último día que la vería así que simplemente me acerqué y la rodeé con mis brazos, abrazándola lo más fuerte que podía, intentando de ese modo apaciguar el fuego ardiente que me consumía. Correspondió al abrazo; sus brazos eran acogedores y cómodos, confortantes y consoladores, la tibieza de su cuerpo me dio calor y por unos segundos calmó mi corazón.
Buscando mis ojos agarró de mi mano para conducirme hacia la cama, me acogió con las mantas y me llenó con el más tierno calor del que nunca nadie pudo darme.
 Ahí la tenía, frente mí, estábamos cara a cara en silencio, haciendo quizá la cosa más hermosa nunca antes vista, nos dábamos amor, el más sincero amor y pese a que quizá no me amaba de la misma forma en que yo lo hacía, sus ojos brillaban, brillaban de amor, de amor y ternura.
Entonces al ver su expresión entendí que logró leer lo que en mis ojos escrito estaba, consiguió leer lo que mi boca nunca atrevía decir; mis ojos me delataron en el solo acto de mirar, diciendo en cada brillo un te amo o algo mucho más intenso que va más allá de lo que las palabras pudieran expresar; pero no importa qué pues ella lo leyó.
Entonces, en un acto imprevisto sentí bajo las mantas sus manos acariciando mi espalda y trayéndome hacia su cuerpo.
 Fue ahí que no pude evitarlo, si no lo hacía me sofocaría en llamas, la apreté fuertemente contra mí y empecé a acariciar sus caderas hasta llegar a su espalda. Me detuve, no iba a cruzar la barrera, así que nos limitamos a observarnos y a desnudarnos con miradas, diciéndonos quizá todo lo que podríamos decir con palabras, pero con palabras que no podrían contener la magnitud de los sentimientos que circundaban en ese momento.
 Y así, bajo las mantas hundí mi rostro sobre su pecho, cerré mis ojos e intenté grabar en mi memoria cada detalle de ese momento; su calor, la suavidad de sus pechos, el aroma de su ropa y sus cabellos, la textura de su piel, la expresión de su rostro, la sinceridad de sus ojos, el significado de cada gesto, el sentimiento de cada abrazo, de cada roce de nuestro cuerpo, de cada recorrido de sus dedos por mi fría piel, de cada silencio y de cada sofocante segundo por dejar de reprimirme para demostrar con actos la mayor prueba de ese desmesurado y loco amor que sentía por ella, con actos como el roce de nuestros labios, como el roce de nuestras almas.

S.F.

Ella Era...




Ella  era como la brisa, quien en su danzar, deleite y placer producía; inadvertidamente conquistó mi corazón y  con  gracia y suavidad se llevó todo a su paso.Unos besos formados por la unión de nuestros labios, unos abrazos que mis brazos añoran, los recuerdos forjados del pasado, cientos de emociones que solo ella podía despertar y por sobretodo un sentimiento y un corazón; el sentimiento del primer amor y el corazón de quien esto escribe.La quería hacer mía en la ingenuidad e ignorancia, ajena mi alma al hecho de que eso era algo imposible.
Fantaseaba con su amor y el deseo ferviente de ser el único capaz de tocar a fondo su corazón, ser causa de sus sonrisas y alegrías y dejar en ella una pizca de ansiedad, picardía, timidez.
Observar detenidamente sus fotos, indagar en las líneas formadas en su rostro y la comisura de sus labios al sonreír fueron un hábito que me llevaron a aprender cada detalle que dibujaba en su rostro.
Ella era como una roca, tal cual la roca pareciera ser tan poco interesante, pero observar en ella cada aspereza y cada filo que bosquejaba su dura personalidad me hacía indagar, ¿qué secretos yacían tras sus ojos cual hielo? ¿Cuál era el secreto de cada lugar pulido, de cada aspereza?
Quizá mi curiosidad me llevó a descubrir y apreciar la belleza que yace en una simpleza y poco a poco, en el enmaraño por la sed de conocer, descubrí que las simplezas son más complicadas de lo que aparentan, ella era complicada, sus ojos confundían, sus expresiones y gestos aturdían, su personalidad impresionaba, su enigma carcomía.
La apacible brisa se negó a dar a conocer los susurros de las Musas que trajo con ella en el pasar, los diferentes matices de los olores de cada flor, cada hierba, cada fruto, de cada banquete servido por las deidades y de cada promesa hecha por los inmortales.
Me desdichaba en mi curiosidad, en mi actitud posesiva y en mi desenfrenado amor egoísta.
En ella descubrí la existencia de una pequeña niña sensible, quien en acto de cobardía camuflaba su sensibilidad en una fachada de rudeza y frialdad. Yo podía llegar a su lado sensible y eso me hacía feliz.
Cuando nuestras manos se tocaban y nuestros ojos se encontraban, tras cada brillo que emanaba de sus ojos, podía ver venir cuántas mariposas revoloteaban en su interior. La pasión y la excitación que sentía al saber que yo era causa de tanto fuego ardiente y de semejante fogosidad eran inexplicables.
Todo amor, deseo y pasión lo uníamos en un solo acto, en un solo beso, en un solo te amo, en una sola mirada y una sola sonrisa, nada más faltaba, nada más que tenerla.
Entonces comprendí que realmente la tenía, que ella realmente fue mía por un tiempo, fue quizá mi primer amor porque nunca experimenté semejante locura con nadie, porque ella fueron mis ganas de embriagarme con alcohol para dejar todo al olvido, ella fueron las causas de tantas sobredosis, las causas de tanta amargura, tantas lágrimas, tanta depresión y las ganas de tantas veces haber deseado morir, y así todo se oye tan trágico, ¿no? Pero si estuvieran en frente de las puertas del corazón de un ángel, ¿quién se negaría a experimentar tan exquisito dolor como el del amor?
Ella fue mía quizá en un segundo, ese segundo en donde todo el tiempo se concentró en un solo acto, darnos amor, hacernos sentir amados e importantes, indispensables el uno del otro, inseparables e imprescindibles, todo eso en ese pequeño segundo donde realmente desnudé su corazón.
Pero ella se fue, así como la brisa, llevándose todo para ir a susurrar en los corazones de cada uno el amor que alguna vez recibió, el amor más egoísta y posesivo, más destructible y venenoso, el amor más obsesivo y loco y quizá el amor más real.


S. F.


Te Olvidé



Por fin te olvidé, ese día en que por primera vez no me costó borrar tus mensajes, la noche en que por primera vez no apareciste en mis sueños y la mañana en que ya no fuiste mi primer pensamiento.
Efectivamente te olvidé cuando ya no derramaba lágrimas por ti y cuando transcurría todo un día sin pensar en ti; sin preguntarme como estarías, que estarías haciendo ahora, ¿estarías bien? ¿o estarías triste?
Te olvidé desde el momento en que desear oír tu voz fue solo un lejano recuerdo, el momento en que ya no me importaba si me escribías o no. Fuiste a parar al olvido desde el primer momento en que no me importó demorar al responderte, cuando ya no sonreía como estúpida al ver tus mensajes, cuando ya no me lastimaban tus indiferencias, tu frialdad, tu falta de sentimientos.
Pero por sobre todo, te olvidé desde el momento en que decidí apartarme de tus caminos y recorrer el mío propio, en busca de un nuevo destino, un nuevo rumbo, un nuevo sentido a la vida y un nuevo amor.
Te olvidé.

S. F.

Cazadores de Sombras: Ciudad de Ceniza




Con la idea de hacer las tres primeras reseñas de seguido vamos con el segundo libro  de esta  sensacional  saga que al  terminar te deja con la intriga y la expectativa de lo  que sucederá en el próximo.
Mientras que  en  Ciudad  de  hueso Cassandra nos da una introducción  de lo que sería la  maravilloso  mundo de  los cazadores  de sombras en  el segundo  libro podemos  ya formar parte  de la  vida  de los personajes  y  vivir,  sufrir, reír, llorar y amar con  cada uno  de  ellos.

Reseña:


Luego del sin fin de aventuras que dieron  un giro de 190  grados  a la  vida de Clary, ella se encontrará deseosa de volver a su mundo de lápices, dibujos, mangas y salidas con  su mejor  amigo Simon, pero al parecer no  es eso exactamente lo  que depara su futuro, sino  más aventuras, misterios e intrigas por  desvelar.
Misterios tales como el  profundo sueño del que parece que  su madre nunca despertará, las intrigas por la serie de asesinatos que suceden en la ciudad las cuales levantan las sospechas de que todo gira en torno a Valentine, quien con  el deseo de obtener la Espada Mortal provoca una masacre en la Ciudad de Hueso asesinando a todos los Hermanos Silenciosos y una serie de submundos con el fin de obtener la sangre necesaria para llevar a cabo su maquiavélico plan.
Con  el corazón destrozado Clary inicia una relación con su  mejor amigo Simon, o... por lo  menos lo  intenta para de ese modo intentar olvidar a su supuesto hermano, Jace, provocando una serie de conflictos cuando las cosas empiezan a ponerse difíciles, especialmente cuando los cazadores de sombras van a la Corte de las Hadas con la intención de obtener la ayuda de la Reina Seelie y sus subordinados, ayuda que será concebida a cambio de algo, un beso, un beso que despierta toda la pasión que Clary en algún momento intentó enterrar u olvidar que causa malestar a Simon llevándolo al Hotel Dumort donde será asesinado por los vampiros para luego renacer como uno de los Hijos de la Noche y así  dar inicio a una intrigante aventura con el fin de detener los malévolos planes de Valentine, despertar a Jocelyn, la madre de Clary, y aprender a adaptarse a las diferentes circunstancias que el amor presenta en el día a día.

Opinión Personal: (presencia  de spoilers)

Recalcando nuevamente la introducción del  primer libro, a partir del segundo todo se torna  mucho más emocionante e interesante,  intrigante y misterioso. 
La  escena  que más me gustó sin duda de Ciudad de Ceniza fue el beso acontecido en la Corte de Seelie, pareciera que a partir  de esa  escena el rumbo de la historia cambia matizando el romance con el misterio y la acción. 
En esta entrega podemos observar el gran poder de Clary sobre las runas, utilizando como experimento la Runa que anula el miedo para así ser inmune al demonio Abbadon, Clary  lo prueba en Alec  y claramente  vemos el buen resultado  cuando casi afirma a sus padres el hecho de ser gay y estar saliendo con un brujo, recuerdo que  grité  histérica cuando Magnus utilizó un hechizo en él para que cayera desmayado y así evitar la confesión del chico quien claramente no estaba preparado, personalmente me hubiera gustado que Magnus se abstuviera a lanzar el  hechizo para dar más intriga y emoción a la historia pero luego de leer el tercer libro me quedé completamente satisfecha, jlkj. Y  hablando del Rey de Roma, Magnus, cabe destacar que en este libro provocó que me enamorara aún más de él y  amara y  venerara la  relación entre esos dos malditos y hermosos gays, ah. 
¿Sabe tu brujo que Jonathan es un testigo de la mayor importancia para la Clave? (Imogen)
-Él no es mi brujo. (Alec) 
Y aún vemos al pobre de Alec miedoso a la hora de salir del clóset pese hasta que todos se percataran de cuan obvia es la relación, ¿a que es adorable? Por si no se nota, es mi segundo personaje favorito.
Mas dejando de  lado a mis pequeños amores (temporalmente) antes de finalizar quiero  compartir también la plena satisfacción que siento por el final, realmente me encantó la lucha entre los cazadores de sombras y  Valentine donde la última muestra de amor de Imogen fue... conmovedor, viniendo de ella claro  y  dejando a todos los lectores en una profunda intriga por la  razón de su gran sacrificio, pues al principio había pensado en la probabilidad de que Jace fuera en realidad Stephen su hijo, pero no, hubiera sido absurdo por       el gran desfase de edad. También, la muestra de afecto de Maia hacia Simon es de mi completo agrado, dando más puntos a Maia que a Isabelle en esa constante lucha por el amor de nuestro amado y  friki vampiro,  ¡sin dejar  de lado le escena de Magnus  y Alec en la furgoneta! Que fue otra de mis preferidas aunque no  haya pasado nada en especial, no en el libro  pero si en mi imaginación.

El humor nunca falta en esta historia...

¿Para qué necesitas el teléfono, Alec? (Isabelle)
-Sólo lo necesitamos,- respondió él con impaciencia-. Izzy... (Alec)
-Si vas a enviarle un mensaje de texto a Magnus para decirle "creo que eres guay", voy a matarte. (Isabelle) -¿Quién es Magnus?- preguntó Max.
-Un brujo -dijo Alec.
-Un brujo sexy, sexy -añadió Isabelle a Max, haciendo caso omiso de la mirada de auténtica furia de Alec. 
-Isabelle dice que la reina de la corte Seelie solicitó una audiencia con nosotros.
 -Sí, claro. Y Madonna me quiere a mí como bailarín de refuerzo en su siguiente gira mundial. (Magnus) -
¿Quién es Madonna? (Alec) 

 Y mucho  menos, el romance.
—Puedes cerrar los ojos y pensar en Inglaterra, si quieres —sugirió Jace. —Nunca he estado en Inglaterra —repuso Clary, pero bajó los párpados. Y entonces él la besó.

Por  eso mi  calificación  es  un...